Fue un arrebato al que me llevó la curiosidad por un nuevo medio de comunicación, tan extendido hoy.
Realmente no le daba importancia, no había ninguna intención, únicamente un interés, empírico, si puede decirse así, ante herramientas que otros manejan. Me interesaba la herramienta, no lo que se construye con ella... sobre todo, porque aún no existe la herramienta plenamente autónoma: es necesario que el artesano la ponga en marcha y realice la obra.
Y yo no podía ser el artesano.
Me habría gustado, pero no tenía tiempo ni siquiera para empezar.
Pero algo cambió (¿sí?)Para empezar, al utilizar la herramienta me sentí artesano. No me parecía digno ponerla en marcha y hacer algo sin intención. Y empecé a pensar: hay que poner un título, un nombre.
Comprender la Vida
No fue una casualidad, ni un acierto repentino. Es que me sentí artesano, ejerciendo sin habérmelo propuesto,... como jugando a las guerrillas pero con balas de verdad.
Y me pregunté qué sería lo que yo pondría en el título de un blog; qué tengo yo para dar, recibir o pedir al mundo.
Y me di cuenta de que Comprender la Vida estaba bien.
Y puse esmero también al buscar tonos, colores, tipografía, formas de colocar imágenes, formas de enlazar hacia fuera del blog... técnicas para controlar la herramienta. ¿Es eso la artesanía? ¿una técnica y nada más?
Bueno, bueno, no te pongas tonto (me dije). Empaqueta lo que has hecho, anota un texto o dos y luego dedícate a visitar las obras de artesanos verdaderos... esos que a lo mejor no depuran tanto la técnica pero se esmeran, se dedican, aportan algo de sí mismos, y producen obras de las cuales puedes disfrutar tú.
Y visité, y leí con “constancia impulsiva”, e incluso incidí en las obras de otros, dejando comentarios que fluían de mí tal cual terminaba de leerlas y reflexionarlas un poco.
Y volvía a mirar mi taller (este blog),
tan construido y tan despoblado;
tan cómodo y tan sin sentido;
tan mío y tan de nadie.
Se me llenaban las ganas y yo las vaciaba en blogs ajenos, reaccionando ante lo que leía y respondiendo atónito a las muestras de interés que mis ideas o expresiones les producían a otros amigos de esta esfera de la Internet.
Y me sentí como si yo fuera un artesano aprovechando la herramienta de otros.
Y alguien me lo dijo (creo que en el fondo yo lo sabía).
Ya he mencionado que me habría gustado, pero no tenía tiempo ni para empezar. Quizá es que no me atrevía a empezar pensando que, como tantas veces, podría esclavizarme el ansia de crear.
Hoy no me conozco, y esto lo digo en alto.
No veo a qué viene esto, pero ha venido y ya está;
he empezado a escribir sobre eso que desconozco,
con la intención de comprenderlo mejor.
Y para empezar,
nada mejor que mi propia persona.
Y aquí estoy.



