21 marzo 2007

12 segundos de oscuridad

Admiro el trabajo de Jorge Drexler, un artista uruguayo que consigue atraer la atención por su originalidad tanto en las letras como en la combinación sabia de técnicas e instrumentos tradicionales y modernos.

En sus canciones transparenta el gran mundo interior que alberga.

Hoy me he detenido en la primera canción de su último disco (que me regalaron hace poco). Me ha parecido buenísima para dejarla en el blog, así que aquí abajo la tenéis.

¿No da mucho que pensar?
¿No te hace evocar situaciones vividas?
¿No te da pistas sobre cómo vivir en este mundo de prisas?

Allá va:

12 segundos de oscuridad

Gira el haz de luz
para que se vea desde alta mar.
Yo buscaba el rumbo de regreso
sin quererlo encontrar.

Pie detrás de pie
iba tras el pulso de claridad
la noche cerrada, apenas se abría,
se volvía a cerrar.

Un faro quieto nada sería
guía, mientras no deje de girar
no es la luz lo que importa en verdad
son los 12 segundos de oscuridad.

Para que se vea desde alta mar...
De poco le sirve al navegante
que no sepa esperar.

Pie detrás de pie
no hay otra manera de caminar
la noche del Cabo
revelada en un inmenso radar.

Un faro para, sólo de día,
guía, mientras no deje de girar
no es la luz lo que importa en verdad
son los 12 segundos de oscuridad.

(Letra: Jorge Drexler / Música: Vitor Ramil)
Sepúlveda, 27/03/06

Os animo a dejar aquí abajo vuestros comentarios y a entrar en la página de Drexler, donde podéis conocer datos biográficos, escuchar sus canciones, o ver pequeños videos.

11 marzo 2007

Nana del mundo

Hace tiempo escribí esta canción, pero no me pertenece, porque fue un regalo que hice a mi amiga May, que casualmente luego tuvo una relación muy especial con mi familia.
Sé que ella no se va a enfadar si se entera de que he expuesto su canción en público; la nana es una forma de representar hasta qué punto realmente nos implicamos en los problemas del prójimo: esas personas que están tan cerca que no las vemos, tan necesitadas que preferimos no verlas:


Bajo la noche de la ciudad,
no tiene casa propia, ni un orinal;
sobre la caja de un edredón,
abrazado a un osito lleno de alcohol...
Allí duerme mi niño, el que todos sabéis,
el que escupe en la calle, y vomita también;
el que goza el festín de un mendrugo de pan,
el que vive su sueño de vida
en la barra de un bar...


Duerme, mi niño. Duerme, mi bien,
nadie turbe tu sueño, ni tu niñez.
Duerme aunque el mundo venga a decir
que ni tienes un rumbo ni un porvenir.


En las esquinas, o en un portal
venden trozos de cuerpo por un jornal.
Ropa encarnada, vida y color,
humo viento y pitillo son su pregón...
Allí vive las noches de burdo placer
la que llora en la cama y no sabe por quién,
la que llena el vacío de "un hombre de bien",
la que nadie perdona, por dar
el amor al revés...


Duerme, mi cielo, que ya es la aurora,
nadie viene a buscarte, pero es la hora.
Duerme aunque el mundo venga a decir
que ni tienes un rumbo ni un porvenir.


Rota techumbre, lluvias de hogar,
cocinitas de suelo, tripas sin paz.
Puertas de tela, suelas de piel,
tabiquitos de alambre y de papel...
Allí viven familias que son un tropel,
las que a nadie molestan si lejos se ven,
las que habitan parcelas sin edificar,
las que tapian aceras en busca
de "una voluntad"...


Duerme, amor mío hecho personas,
nadie llena el vacío, nadie lo ahoga.
Duerme aunque el mundo venga a decir
que ni tienes un rumbo ni un porvenir.


Que quizás algún día, si intentas crecer,
se te claven espinas en brazos y en pies.
Es el mundo, que vende pensión de placer
a quien no necesita más que un pan y un pez.
Y duerme tú, mundo mío, aunque griten por mí
los que escupen, o lloran, o piden sin fin,
los que viven privados de tu felicidad,
los que comen la vida tragándola sin masticar...


Duerme en la noche, duerme en la aurora,
duerme bien calentito, duerme en tu alcoba,
duerme en tu cama, nunca salgas de ti,
¡mundo sordo, que duermes
sin pausa y sin fin!