13 abril 2007

Periodo de carencia


Tras escribir el título de este post quise asegurarme de que la definición de CARENCIA se interpretase correctamente, así que la busqué en el diccionario. Y es PERFECTA:

carencia. (Del latín carentĭa)
1. f. Falta o privación de algo.
2. f. En un seguro, período en el que el cliente nuevo no puede disfrutar de determinados servicios ofrecidos.
3. f. Med. Falta de determinadas sustancias en la ración alimenticia, especialmente vitaminas. Enfermedades por carencia.


Y es que ahora inicio yo un periodo así, que espero que sea medianamente largo, con respecto a este blog y otras cosillas. El motivo es que estoy inmerso en un proceso de oposición para optar por un tipo de puesto de trabajo que me interesa mucho; determinados motivos con los que no os aburriré hacen que este año tenga que ser el que lo intente de veras (hice un ensayo en 2006), y puesto que en 2007 sólo se ofrecen 7 plazas a nivel nacional, la competencia será dura y sólo tiene sentido participar si le dedico muchas energías.

Necesito concentrarme, recopilar información, estudiar, resolver supuestos prácticos... Pero tengo otras necesidades que no dejan de estar ahí:

- Mi alimentación
- Mi famila y sus vivencias
- Mi trabajo, por el que me pagan
- Mis actividades desinteresadas
- Mi descanso físico y mental
- Mis aficiones personales
- Mi necesidad de comprender la vida
- Tú

Quienes me van conociendo dicen que soy analítico, metódico, detallista, de mente estructurada y expresiones medidas y ordenadas. Creo que más o menos aciertan. Así que era de esperar lo siguiente:

-1- Me alimentaré menos, o menos veces, o de forma simultánea mientras hago otras cosas. Pero no puedo dejar de alimentarme, es más, necesito estar aún más fuerte.

-2- Mi familia puede liberarme de algunos quehaceres, privándose de mí y privándome yo de ellos, pero emprendí la vida con ellos y sin ellos no la puedo continuar. No hay carencia que valga.

-3- INTENTO reducir mi actividad laboral, pero ahí no tengo elección: el trabajo viene como viene y no puedo prescindir del salario. De todas formas, quizá incluso ahí tenga un periodo de carencia cuando estratégicamente me parezca eficiente. Hoy día, el trabajo me agota.

-4- NO QUIERO abandonar actividades que realizo para los demás, y no las abandonaré. Pero reduzco el tiempo que les dedico, lo concentro e intento mejorar el rendimiento de lo que hago.

-5- Reduzco un poco mis horas de sueño (menos de 5 al día se me antoja ya peligroso), altero mis ritmos, concentro la actividad física... Por otra parte, también necesito desplegar actividad física (deporte suave, algo al aire libre) para sentirme despejado. En todo esto aún estoy buscando un ritmo, un equilibrio.

-6- Puedo desprenderme de mis aficiones, y de hecho casi lo he hecho del todo: la tele sólo la veo mientras como, y si abundo en el punto -1- secundariamente me alejaré más de ella. La música, la lectura, la curiosidad,... intentaré EMPLEARLOS durnate mis esfuerzos, en lugar de DISFRUTARLOS por sí mismos. Creo que algo de disfrute me quedará.

-7- Y está el blog, y estás TÚ (¿cómo has sido capaz de leer hasta aquí?)

Quiero que se entienda que este periodo de carencia me duele un poquito, y que Comprender la Vida va a resentirse un poco. Tampoco podré visitar ni dejar muchos comentarios en páginas amigas, espero que nadie piense que abandono, porque no es lo que deseo.

¿Qué dices? ¿que hasta cuándo?

Pues mira: como mínimo, hasta mediados de junio (que seguramente será la fecha del primer examen); si tengo la capacidad de superarlo, entonces viene lo gordo, y me tendré que preparar en supuestos prácticos durante el verano, ya que espero que la segunda prueba sea a finales de septiembre (es mi estimación).

Sólo espero que cuando este episodio quede en el pasado podamos volver a vernos, a leernos, a escribirnos, y a caminar juntos.



Te necesito.
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07 abril 2007

La velocidad de la luz (meme)

Hace unos días mi blog-amiga marvision me invitó a participar de un meme, cuya cadena amistosa prolongo hoy aquí. El meme consiste en transcribir la página 123 del libro que estés leyendo actualmente; después de transcribirla, invitaré más abajo a varios blog-amigos para que continúen el mismo meme si lo desean en sus propios blogs.

MI PARTICULARIDAD es que estoy empezando a estudiar (creo) una oposición, así que acabo de abandonar el libro que había iniciado (Un milagro en equilibrio, de Lucía Etxebarría), cuya página 123 por otra parte no me pareció significativa. Como no veo estético transcribir textos técnicas (de mi oposición), os paso aquí la página 123 del libro que terminé recientemente: La velocidad de la luz, de Javier Cercas. Es un libro que he leido con gusto; una novela con muchos tramos narrados en primera persona, que relata sobre todo una historia sobre una especie de amistad que parece tener varios desenlaces a lo largo de su recorrido; en el fondo, yo he encontrado una reflexión sobre el valor de la vida, de las decisiones que tomamos, y de sus consecuencias.

La velocidad de la luz (pg 123 más o menos)

[...] Al divorciarse de Julia volvió a casa de sus padres, y en los años que siguieron cruzó varias veces el país de punta a punta: de repente un día hacía las maletas, cargaba el coche y se marchaba sin previo aviso y sin un destino concreto, y al cabo de uno o dos o tres o cuatro meses volvía a la casa familiar sin dar la menor explicación, como si hubiera salido de paseo por el barrio. Sobrevivió a dos intentos de suicidio, a raíz del segundo de los cuales acabó aceptando que lo ingresaran en los servicios médicos de la Asociación de Veteranos de Chicago. No tardó mucho tiempo en ponerse a buscar un trabajo, pero sí en encontrarlo, porque, aunque en su condición de ex combatiente gozaba de ciertas prerrogativas, durante mucho tiempo consideró humillante acogerse a ellas, y cada vez que acudía a una entrevista laboral regresaba a casa presa de una furia incontrolable, convencido de que sus empleadores pasaban a mirarlo como a un monstruo de dos cabezas en cuanto descubrían que era un veterano de guerra. El primero de los empleos que consiguió fue un trabajo cómodo y no mal remunerado en la administración de una fábrica de conservas, pero apenas le duró unos meses, más o menos como los que le siguieron. Más tarde intentó dar clases de lengua en colegios de Rantoul o de los alrededores de Rantoul, e intentó también reanudar sus estudios matriculándose en un máster de filosofía en la Northwestern University. Todo fue inútil. Cuando Rodney regresó de Vietnam convertido en una sombra derribada del muchacho brillante, trabajador y juicioso que había sido, su padre confió en que el tiempo acabaría devolviéndole su naturaleza perdida, pero desde su retorno habían transcurrido ocho años y Rodney seguía sumergido en una bruma impenetrable, convertido en un fantasma ambulante o un zombi: en Rantoul se pasaba los días enteros tumbado en la cama, leyendo novelas y fumando marihuana y viendo viejas películas en la televisión, [...]


Me gustaría invitar a todo el mundo a seguir este meme, pero me limitaré a pasar el testigo a mis queridos Fran, Analista, Jose Antonio, y PALIta.

03 abril 2007

Velocidad vital

Aunque tengo un puesto de trabajo habitual, desde ahí presto servicios a otras 36 oficinas de mi provincia; y de vez en cuando tengo que relizar desplazamientos a lo largo y ancho de su geografía para realizar ciertas labores. Habitualmente viajo sólo, en mi coche, e intento resolver la jornada de forma que pueda regresar a casa a una hora razonable.
Ayer me tocó ir lejos (casi 300 kilómetros, entre ida y vuelta), y durante el trayecto me ocurrió algo; un episodio parecido a otros que algunos habréis vivido o viviréis algún día; sé que no es nada original, pero quiero dejar escritas las sensaciones que me produjo y presentar dos epílogos inmediatos por si provocan vuestros comentarios:

Se supone que hoy no me debería encontrar con problemas; a ver si termino pronto y regreso a una hora buena para almorzar con los niños y resolver otros asuntos.
Por fin, la autovía,... voy a poner la radio y a pisar un poco... bueno, sin subir de 120 Km/hora, que es el máximo permitido. La lluvia es traicionera; no me debo confiar.

Repentinamente, algo aparece en la autovía, delante de mi coche, a escasos metros, cruzando sobre el asfalto de derecha a izquierda... ¡es un ave que camina! ¡parece una perdiz!

Dios me ha dado la capacidad de reaccionar y recapacitar a la vez, así que no frené bruscamente, porque yo mismo habría perdido el control; me di cuenta de que el pájaro podía terminar de pasar, y simplemente levanté el pie del acelerador,... Pero...

¡Otra perdiz viene detrás de la primera! ¿Por qué van caminando de esa forma estúpida? ¿no son aves? ¿por qué no vuelan? ¡la voy a pisotear!

Por fin, surgieron las alas del segundo peatón, que levantó el vuelo presa del pánico. Pero fue demasiado tarde; mis 120 km/h (quizá un poco más) se abalanzaron contra el pobre pájaro, que inútilmente pretendió elevarse; por instinto, protegí mi cabeza escondiéndola tras el volante cuando vi venir esa masa rechoncha, directa hacia el parabrisas.

En aquella pose defensiva, oí un seco ¡FLOMB!, que fue breve pero se repartió por todas partes: cimbreó todo el cristal, y transmitió su sacudida hacia el techo, de modo que el aire del vehículo repitió en torno a mis oídos: ¡FLOMMMB!
Sé que no hay una explicación física, pero en ese mismo instante sentí también como si el golpe apretujase mi corazón por un instante; quizá se quedó sin sangre durante medio segundo.

Al momento, levanté la cabeza para evaluar los daños y tomar decisiones de emergencia; enumero por orden los pensamientos que recuerdo:

- ¡Vaya susto! ¡Creí que me daba en la cara!
- Parece que el parabrisas no se ha resentido, menos mal. Puedo seguir sin parar.
- Pobre pájaro, habrá quedado destrozado. Vaya manchón ha dejado sobre el cristal.
- El animal no tenía ni idea de dónde se metía; por lo menos no ha sufrido.
- Yo tampoco he podido evitarlo. Ya me habría gustado. A esta velocidad, es imposible reaccionar a tiempo sin arriesgar la propia vida.

De forma compulsiva, fui pulsando la palanquita del limpiaparabrisas, comprobando que progresivamente se retiraban los restos pegajosos y que apenas quedaban un par de rasguños como recuerdo del incidente.


------------- Epílogo 1 -------------

Poco después me sentí fatal, y me hice preguntas:

¿no vivimos también con demasiada velocidad? ¿qué prisa tenemos?
Lo primero que pensé fue en mi propia integridad, y luego en la vida del pájaro; la impresión que uno tiene es que el pájaro te va a golpear, pero eres tú realmente quien te abalanzas sobre él.

Esas aceleraciones, ¿a qué nos llevan? ¿justificamos así los asesinatos involuntarios que cometemos? (yo tampoco he podido evitarlo).


------------- Epílogo 2 -------------

Hoy también he tenido trabajo lejos de casa; la jornada se me ha complicado y al final he regresado a toda velocidad.


Por el camino iba escuchando la radio y de vez en cuando miraba el paisaje; ni he visto ninguna perdiz volando ni caminando por allí. Ahora que lo pienso, ni siquiera sé qué fue de la primera perdiz que se cruzó en mi camino; creo que se salvó "por las plumas".


------------- Epílogo 3 -------------

(depende de tus comentarios)