14 abril 2008

A Miguel

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Qué raro es echarte de menos;
lo digo por doble motivo:
por lo reciente que es tu partida,
y por lo breve que fue estar contigo.

Un día, dos meses, un año, tres lustros,
un rato de vida,
un trozo de mundo,
un río de risas,
un mar de disgustos...

No sé quién cogió más del otro;
lo digo por doble motivo:
por el pellizco que falta en mi alma
y porque siente que falta tu abrigo.

Un día, dos meses, un año, tres lustros,
un rato de vida,
un trozo de mundo,
un río de risas,
un mar de disgustos...

No sé dónde hallar qué decirte
que pueda tener hoy sentido:
en el silencio me quedo buscando
y las palabras se me hacen ruido.

Un año, dos meses, un día, un rato,
un mundo sin risa,
un cielo sin astros,
un mar sin orillas,
un hombre sin manos...

Qué pronto se han ido tus risas;
lo digo por doble motivo:
porque vinieron en medio de nada
y porque en nada que vienen se han ido.

Un año, dos meses, un día, un rato,
un mundo sin risa,
un cielo sin astros,
un mar sin orillas,
un hombre sin manos...

Te llevas lo mío, me quedo lo tuyo;
lo digo por doble motivo:
porque conmigo se queda tu falta,
porque a lo eterno te llevas mi amigo.

A Miguel, que en paz descanse


01 abril 2008

Deporte, Vida y visión periférica

"Del arco al círculo..."

El arquero no podía fallar. Aprendió a relajar la mente, a regular la respiración, a equilibrar el cuerpo y a tensar el arco mientras sujetaba la flecha, que poco después se desprendía como una caricia entre los dedos desde su propio ser hacia la diana (el objetivo preciado, aquél hacia el cual dedicaba toda su atención). Nada a su alrededor debía distraerlo; sólo él, su arco en él y la flecha como su prolongación instintiva hacia el núcleo de aquel dibujo concéntrico...


"...y del círculo al arco..."

El centrocampista controló el balón de fútbol casi en un tropiezo; jadeando sobre el círculo central, apenas apantallaba con su cuerpo el acecho del contrario cuya respiración sentía en la nuca. Sabía que a treinta metros en distintos ángulos se movían hacia el arco contrario sus delanteros y pretendía hacerles llegar el regalo de un buen pase. Sin observar expresamente a nadie, percibía todos los movimientos a su alrededor, intuía aquéllos que no veía, aguardaba signos de sus compañeros y adivinaba intenciones de los contrincantes. Ponderaba varias opciones a cada décima de segundo y no descuidaba la defensa del balón, cuyo control no debía perder en ningún momento...

Dos deportes, dos personajes, dos formas de mirar y de actuar... Uno, centrando su percepción en el objetivo, ignorando el resto de estímulos; el otro, aparentemente disperso, recibiendo información inconsciente y necesariamente haciendo acopio de toda ella. Dos formas muy distintas de usar la VISIÓN PERIFÉRICA.

¿Que qué es la visión periférica? Te lo recuerdo un poquito:

Los ojos tienen la capacidad de fijar la mirada en los objetos para percibir su forma, color y movimiento con mucha precisión gracias a unas células llamadas conos. Pero además disponemos de otras células (los bastones) que en situaciones de poca luz nos permiten ver como en monocromo, distinguiendo vagamente las formas y apreciando los movimientos de aquello que nos rodea, aunque no esté en el eje central de la mirada. Es la visión periférica.

Cuando hay mucha luz y aparentemente sólo necesitamos de los conos, la información de los bastones queda discretamente encubierta, es casi como si no existieran, salvo por el hecho de que mantenemos un cierto grado de visión periférica.

Sin embargo, cuando los objetivos no tienen una luz clara, o cuando necesitamos mantener la orientación entre docenas de objetos que se mueven, los bastones adquieren su protagonismo. Se puede aprender a potenciar la visión periférica para enriquecer la percepción visual; hay que entrenarse para atender la información de los bastones (ésa que molesta al arquero pero tan bien aprovecha el centrocampista de fútbol).

La vida a veces se nos plantea como si fuéramos arqueros, como si hubiera un objetivo final, un lugar donde clavar la flecha, y todo lo demás no importara nada. Pero yo siento que esto no es así; no debe ser así.

Siento que surgen objetivos, metas, lugares hacia los que moverme, necesidades propias y ajenas que atender... pero también entiendo que debo prestarles atención a otras muchas cosas que ocurren a mi alrededor (o dentro de mí); son muchas las circunstancias, hechos, personas, acontecimientos, objetivos secundarios, intenciones ajenas, pactos, engaños y desengaños, previstos e imprevistos, estructuras y caos que me envuelven en distintos momentos y que también han de formar parte de mi vida.

La forma de entender esto, ¿podríamos llamarla visión periférica de la vida?

Me gusta sentir que un objetivo, por importante que sea, no me acorrala en la llamada "visión tubular" hasta el punto de olvidar otras muchas cosas que están a mi alrededor.


Quizá esto a veces me haga parecer disperso, distraído, o poco constante. E incluso yo mismo me recrimino esos defectos... pero ME GUSTA que ninguna cosa me llegue a absorber totalmente, que nada me impida darme cuenta de lo que sucede a mi alrededor y que eventualmente puede requerir mi atención directa.

Si quieres, vuelve a leer este artículo y mientras lo haces valora:
  • ¿No hay demasiados arqueros en esta sociedad de hoy?
  • ¿Utilizo la visión periférica de la vida? ¿lo percibo?
  • ¿Vivo inmerso en el claroscuro? ¿Lo que me falta es concentración?

¿Cómo lo ves? ¿qué tal andas de bastones?

Ya me contarás.